y en todo esto, tú

y en todo esto, tú (intento no dedicado) 

Sobre el viejo sofá
discurro sobre lo que será,
porque lo que ya ha sido
aún sigue siéndolo.

Las horas ya ni marcan,
el día se fue ya
y hasta la noche navega
solitaria, alejándose
también hasta mí,
que es adonde va

Y en todo esto,
en mitad de una noche
tan esperada como otras,
apareces tú, desnuda,
como solo tú puedes desnudarte
ante mis ojos atónitos,
esos que te dibujan
a mi antojo.

Y en tu desnudez ambigua
he visto una madrugada azul,
cargada de estrellas apagadas,
Y una mañana celeste,
con gaviotas sobre el mar.
He visto la tarde amarillenta
manchada del brillo de las flores.
Y he visto la noche negra
manchada por el caoba de tu pelo.

Y en todo esto
apareces tú,
desnuda otra vez,
desnuda en la noche
que nos cobija,
desnuda en la tarde
que nos acompaña,
desnuda en la mañana
que vuelve a unirnos…
Desnuda en la madrugada,
en esa en la que despierto
siempre que tus pecas me rozan
y me manchan de ti.

Y en todo esto… Tú.
Y yo,
solos en mi cama,
sin ti, sin nadie,
añorando una noche
que ya ha pasado…
como tantas otras,
y a la espera de ese día
que me hará recordar
y emocionarme.

Y en todo esto,
otra vez tu tú
aparece ante mi mí,
descabalgada, aún caliente,
aún amada y alcalina,
aún recelosa por la partida
que ninguno queremos terminar
sin saber al menos
quién ha ganado.

Y aún seguirás aquí
aunque sea de día,

aunque la noche
ya no manche,
aunque tú no quieras estar…
aunque tengas que partir,
porque aunque no quieras
tú siempre estás…
desnuda, muy desnuda
como tú eres.

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LA NOCHE QUE LA LUNA SALIÓ POR LA MAÑANA (EL CUENTO) GRACIAS HENAR, ISABEL, CARMEN, ELENA, ANA Y ESTHER (LAS MAESTRAS)

gRACIAS A LAS MAESTRAS DE INFANTIL. ESTE CUENTO ES VUESTRO. GRACIAS HENAR, ISABEL, CARMEN, ELENA, ANA Y ESTHER

Los niños están sentados mirando al narrador. En el bosque solo está el sol, unas flores arrodilladas, como dormidas, y algún árbol. Nadie más. Si acaso el oso Empieza la historia:

Hola chicos del Duque. ¿No habéis notado nada raro esta mañana? ¿No os habéis fijado que esta noche no ha salido la luna? ¿No? Pues así ha sido. Qué raro  ¿Qué le habrá pasado? ¿y dónde estará metida? ¿Alguien lo sabe?   (Esperar que digan lo que se les antoje, que lo dirán)
Esta noche, por si no os habéis dado cuenta, no ha sido como todas las noches. Todos los animales del bosque han estado nerviosos, inquietos, y ni siquiera los búhos se han atrevido a salir de caza. Los ratones lo han agradecido, pero tampoco se han atrevido a salir de sus madrigueras porque es la luna quien ilumina su camino y quien les hace sentir más tranquilos.
Y es que, una noche sin luna en el bosque es como un día sin sol aquí, en el Duque.
¿Os imagináis venir al cole todos los días y que siempre sea de noche, que no salga el sol, y que tengamos que tener siempre las luces encendidas? Pues para nuestros amigos del bosque eso es lo que ha pasado esta noche. Recuerda que en el bosque no hay farolas, ni luces… ni siquiera linternas.
Tan solo hay unos animalitos capaces de iluminar el cielo, pero son tan pequeñitos que lo único que consiguen es adornarlo, pero no iluminarlo. ¿Alguien sabe cómo se llaman esos animalitos que vuelan y que tienen la luz en el….? (señala el culito)

Muy bien… ¡Luciérnagas!
Bueno, pues como os iba contando esta noche nuestros amigos, los animales del bosque, han estado muy tristes.
Las ardillas no han podido salir a buscar sus bellotas, las rapaces no han podido tampoco salir de caza. Ni siquiera los lobos han salido esta noche. ¡La vida en el bosque no es igual si no está la luna!
¿Y sabéis otra cosa que ha pasado hoy? ¡Hoy, el despertador del bosque se ha vuelto loco y  no ha podido despertar a sus amigos! Y está muy triste.
¿alguien sabé quién es el despertador del bosque?
Si no lo saben le damos una pista. Si lo saben seguimos
Os doy una pista: Tiene pico, muchas plumas, y, además, “está” por la gallina.
¡Muy bien, el gallo! ¿alguien sabe cómo canta un gallo?
¡kikiriki!

¿sabéis? tampoco las flores han podido dormir esta noche en el bosque. Podíamos ayudar a nuestros amigos del bosque a encontrar la luna.
Chicos, ¿qué os parece si despertamos a estas flores y les preguntamos?
¡Venga, todos a cantar como el despertador del bosque!
A la de una, a la de dos, y a la de tres… ¡KÍKIRIKI!
(una o dos flores se ponen de pie y deja caer alguno de sus pétalos)

-buenos días chicos – dice la flor a todos y saluda graciosamente
– hola flor, ¿sabes dónde está la luna?
-no, no ha salido esta noche, y mirad lo que me pasa cuando no sale la luna. Se me caen los pétalos.. Ha sido una noche muy larga y muy triste aquí en el bosque
-¿y no tienes ni idea de donde pueda estar?
– no, pero oí decir a mi amiga la ardilla, algo de una Sevilla que es Nueva ¿Sabéis lo que es eso?
(los peques dirán que es su pueblo, y si no, lo dice el narrador)
– sí, amiga flor, Sevilla la Nueva es nuestro pueblo. Buscaremos a la ardilla y le preguntaremos ¿vale?
Chicos, ¿qué hacemos? ¿buscamos a la ardilla?
Venga chicos, vamos a llamarla: ¡Ardilla, ardilla!
De pronto, una ardilla aparece por entre los árboles, corriendo de árbol en árbol, muy rápida, casi esquiva.
-¿Alguien me ha llamado? – dice la ardilla, moviendo sus manos y sus dientes
– sí, hemos sido nosotros. Queremos saber dónde está la luna
– ay, ojalá lo supiera. Tan solo sé que mis crías no han querido salir en toda la noche, muy asustadas. Recuerdo que una vez la luna me dijo que tenía envidia del sol, y que quería ir a Sevilla la Nueva, pero yo no sé qué es eso ¿vosotros sí?
-sí, Sevilla la Nueva es nuestro pueblo (si lo dicen ellos, mejor)
– ¡anda! pues entonces la luna tiene que estar por aquí ¿Habéis mirado debajo de vuestros… (señala de nuevo al culo y los peques se levantan y miran. El narrador también)
– A ver… a ver… – haz que los niños miren bajo su culete – Aquí no está
– pues entonces preguntadle a mi amigo el árbol. Él me dijo algo de un Duque que hay arriba, o algo así. Adiós chicos
– venga, digámosle adiós a nuestra amiga la ardilla, y démosle las gracias.
Adioooooss
Y ahora, preguntemos al árbol si sabe algo, pero primero tendremos que despertarlo. Venga chicos, cantemos como el despertador del bosque.
A la de una, a la de dos, y a la de tres…. KIKIRIKI

De pronto, uno de los árboles del bosque bosteza y estira sus ramas, que son sus manos)
-Hola chicos
-Hola árbol, estamos buscando a nuestra amiga la luna, que ha desaparecido y nadie sabe dónde está ¿lo sabes tú?
– pues no lo sé, pero la otra noche me dijo que iba al Duque de Rivas ¿Sabéis lo que es eso?
– sí, es nuestro cole  (si no responden los chicos lo hace el narrador)
-¿cole? Entonces preguntemos a mi amiga la mariposa.
– venga chicos ¿la llamamos?. A la de una, a la de dos, a la de tres… ¡Mariposa!
– Sabes donde podemos encontrar a la luna?
– claro, tiene que estar por aquí ¿no le habéis visto? ¿habéis mirado debajo de vuestro…. (señalar de nuevo el culete)
– ayer me dijo que iba a algo de un pabellón y de un percentil
– ¿pabellón y percentil? No sabemos qué es eso
– Yo tampoco. Preguntadle a mi amiga la gallina. Seguro que ella lo sabe. Adiós
Dice  el otro árbol y vuelve a dormirse.
-Mirad allí, aquello parece una gallina.
¿Qué os parece si lo despertamos, chicos? Venga, hagamos como el despertador del bosque. A la de una, a la de dos y a la de tres…. ¡kikiriki!
– Hola chicos – dice la gallina – ¿qué queréis? Hoy estoy muy cansado porque no he dormido en toda la noche. No sé si lo sabéis, pero la luna ha desaparecido y nadie sabe donde se ha metido
– ¿ni tú?
– bueno, yo sí, je je je
-¿y dónde está?
– pues se fue a un pueblo llamado Sevilla la Nueva, a un colegio llamado Duque de Rivas, y me dijo que se escondería en el pabellón de infantil. ¿Sabéis qué es eso?
– sí, ese es nuestro pabellón
– entonces tiene que estar por aquí ¿Habéis mirado debajo de vuestro….?
– no está aquí tampoco. ¿Sabes algo más?
– sí, ahora que lo recuerdo, también me dijo algo de que estaría escondido con su amigo el que teje, o algo así. Creo que se llama Carlos, el que teje, pero yo no conozco a ningún Carlos ¿Vosotros sí?
– Carlos es nuestro conserje. El mejor conserje del mundo. Todos los niños del Duque lo quieren mucho ¿a que sí niños?
¿y le habéis preguntado a él?
– no
– pues él tiene que saber donde está.

– chicos ¿llamamos a Carlos? Pero esta vez no hará falta imitar al despertador del bosque porque Carlos siempre está despierto. A la de una a la de dos y a la de tres.. ¡Carlos!
– hola chicos ¿qué pasa?
– Carlos ¿sabes tú dónde está la luna?
– sí, pero mejor preguntadle a mi amiga la luciérnaga. Ella sabe donde está. Yo le vi cuando llegué esta mañana temprano, pero no la he vuelto a ver. ¿Habéis mirado debajo de vuestro….? Y señala al culete
– Venga chicos, despidamos a Carlos con un fuerte aplauso. Gracias Carlos por todo.
-Venga chicos, despertemos a la luciérnaga como haría el despertador del bosque. A la de una, a la de dos y a la de tres… ¡Kikiriki!
-hola amigos
– hola amiga luciérnaga ¿sabes dónde está la luna?
– sí, la ardilla dijo que estaba en Sevilla la Nueva, y el árbol dijo que estaba en el Duque de Rivas, y la gallina dijo que en el pabellón de infantil, y que estaba con Carlos, y Carlos, el mejor conserje del mundo, me dijo que estaba con el ratón de biblioteca. Preguntadle a él. Él lo sabe todo.
De todos modos ¿habéis mirado debajo de vuestro…?
-gracias, luciérnaga, y ahora chicos, llamemos al despertador del bosque para que despierte al ratón. A la de una, a la de dos y a la de tres…. ¡Kikiriki!
Vaya, parece que el oso no viene. Habrá que llamarlo por su nombre. Venga chicos, a la de tres lo llamamos gritando su nombre: Ratón de Biblioteca ¿vale? A la de una, a la de dos y a la de tres: ¡¡¡RATÓN DE BIBLIOTECA!!
Aparece el ratón de biblioteca, con gafas sobre su nariz, y leyendo un libro.
– hola chicos, no estaba dormido, estaba leyendo un libro en vuestra biblioteca ¿os gusta leer?
– síiiiiiiiiiiiiiiiiiiii    nooooooooooooooooooooo – a elegir
– ¿qué queréis?
– queremos saber dónde está la luna
– interesante pregunta, pero quien de verdad lo sabe es el sol, preguntadle a él. Yo tengo que seguir leyendo este libro tan interesante – y se
marcha leyendo mientras los niños le dicen adiós. Él sigue leyendo y se despide con la mano, pero absorto en la lectura. Aquí hablará del cumple de IRIS.
-Mirad chicos, por allí llega el sol.
– hola chicos – dice el sol bostezando – perdonad que esté tan cansado pero es que esta noche no he podido dormir porque mi amiga la luna no ha salido todavía
– ya lo sabemos, amigo sol, y eso queríamos preguntarte: ¿sabes dónde está?
– claro que lo sé
– ¿ah sí? ¿y dónde está?
– pues aquí mismo.
-¿aquí? ¿dónde?  ¿y por qué está aquí?
-Mi amiga la luna es un poco envidiosilla ¿sabéis? y solo tenía un deseo desde hace mucho tiempo, y ese no es otro sino el de conocer a todos los niños del Duque de Rivas
-¿ah sí?
-sí, ella sabe que los niños y las niñas del Duque son los niños más bonitos del mundo ¿a que sí? Aquí en el Duque hay niños andaluces, madrileños, asturianos, africanos, americanos, europeos… Y todos son muy amigos ¿a que sí?
-siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
-¿sabéis? mi amiga la luna siempre me ha tenido envidia porque yo puedo estar con vosotros todos los días en el recreo, y cuando venís al cole, y puedo ver lo bien que jugáis unos con otros y lo felices que sois. Y ella, como solo os ve por la noche, cuando estáis dormidos, quería venir al cole para conoceros
-¿Y dónde está?
– pues aquí mismo
– pues no la vemos
– preguntadle a mi amiga la mariquita. Seguro que sabe donde está
– Chicos, ¿llamamos a la mariquita? A la de una, a la de dos, y a la de tres…
¡Mariquita, mariquita!
– hola mariquita, ¿sabes porqué no podemos ver a la luna?
– claro, porque la luna no puede salir si los niños están despiertos. Ella solo aparece cuando los niños se van a dormir. Ella es la que vigila sus sueños
-¿Y qué podemos hacer entonces?
– pues no lo sé. ¿Qué tal si le preguntáis a las personas que más saben del mundo?
– ¿a quién?
– pues a vuestras seños
– es verdad. A ver seño ¿qué podemos hacer?
– pues solo se me ocurre una cosa – dice una de las seños, o todas – podemos dormirnos todos, cerrar los ojos, y así nuestra amiga la luna aparecerá ¿qué os parece?
-Venga chicos, vamos a cerrar todos los ojos. Y no los abráis hasta que no digamos ya.
-pero tenéis que tener todos los ojos cerrados o la luna no aparecerá.
A la de una, a la de dos, y a la de tres ¡A cerrar todos los ojos y a dormir
-¡vaya! Parece que alguien no ha cerrado bien los ojos – dice el sol
– Venga chicos otra vez, todos a cerrar los ojos o la luna no podrá salir.
Momento de silencio mientras la luna se coloca en el escenario.
Y cuando nuestros amigos abren los ojos, la luna está cogida de la mano del sol, mirándoles sonriente.
– hola chicos, soy la luna, y tenía muchas ganas de conoceros
– ¿qué te parecen estos niños, amiga luna?
-ES VERDAD LO QUE DECÍAS, AMIGO SOL, ESTOS NIÑOS SON LOS NIÑOS MÁS GUAPOS DEL MUNDO. Y SON MUY BUENOS. HOY ES EL DÍA MÁS FELIZ DE MI VIDA ¡OS QUIERO A TODOS!
La luna pasea por entre ellos, chocando las manos con los niños, y riendo.
-Y ahora, por favor chicos, volved a cerrar todos los ojos para que ya me pueda ir. Tengo que volver al bosque con mis animalitos
-Venga chicos, cerremos los ojos. A la de una a la de dos a la de tres ¡cerradlos!
-Ya soy muy feliz. Muchas gracias a todos. Sed buenos, dormid mucho y cuidar siempre de los animales y del bosque. No olvidéis que ahí está el mayor de los tesoros que poseemos. Los bosques son los pulmones de la tierra, y es por ellos por donde respira.
-Digamos adiós a la luna, pero con los ojos cerrados. ¡Adiós luna, adiós!
Y colorín colorado
Este cuento sa´cabado
Y colorín coloruque
¡que viva el Duque!
¡viiiivaaaa!

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LAS NOTAS (relato corto y macabara)

-Esa pregunta me la han hecho ya un  millón de veces – respondo al periodista que ha vuelto a hacerme la misma pregunta de siempre.
-¿Cuál es la causa para que sea usted el juez más joven en llegar al Tribunal Supremo?
-Es tan largo de responder… – le contesto aburrido – no creo que le interese demasiado
– tenemos todo el tiempo del mundo – me dice, dejándome desarmado, mientras con su cómplice mirada me invita a que le cuente el secreto… mi secreto. Es la primera vez que un periodista parece interesado por algo más que las historias de mis clientes, y eso me gusta, me hace sentir bien.
– De acuerdo, voy a hacerlo – le digo, y me digo a mí mismo, convenciéndome de que ya va siendo hora de contarlo a los demás. Y empiezo:

“Tenía diez años. Solo diez, y ya entonces adquirí la capacidad para llegar a sentirme culpable. Era el último día de clase, ese que se espera con alegría, pero también con miedo… Y más para un mal estudiante, como era mi caso. Eso sí, esa fue la última vez que suspendí una sola asignatura en el resto de vida académica…

TODO EN PDF (ES CORTO)…………………LAS NOTAS

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MAGRITTE Y YO (the lovers)

Magritte y sus amantes… Y yo

Aún recuerdo la primera vez,
nuestra primera vez,
aquella vez en la que tú
dejaste de ser aquella tú,
aquella vez en la que yo
dejé de ser aquel asustado yo…
y ambos fuimos, al fin, eso
que ahora todos llaman…
nosotros.

magritte y yo

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PIKU, EL OSO QUE QUERÍA SER OTRA COSA QUE NO ERA (cuento)

Piku era un osito que vivía en el bosque de los fresnos cabizbajos, ese bosque mágico donde los animales vivían alejados de los peligros del hombre, y donde todos eran felices respetando a los demás, independientemente de la especie a la que pertenecieran.
Pero Piku no era como los demás osos… Ni siquiera era como los demás animales del bosque. A Piku le encantaba observar todo lo que había a su alrededor, y de todo quería aprender siempre algo nuevo.
El problema de nuestro amigo Piku era que no solo se conformaba con observar y aprender, sino que también llegaba a envidiar todo lo que veía.
Cansado como estaba de permanecer siempre en el mismo lado del bosque con sus hermanos osos, que solo sabían pescar en el río y dormir bajo la sombra de los árboles, decidió alejarse y buscar una nueva especie que fuera más con su forma de ser y, sobre todo, con sus deseos.
-Mamá, yo no me siento un oso como vosotros
-¿ah no? – preguntó su mamá sonriendo – ¿y cómo te sientes?
– no lo sé, pero estoy seguro de que yo no soy un oso. La vida de los osos es muy aburrida, así que me voy a encontrarme
-vale hijo – le dijo su mamá, sonriendo – pero no te vayas muy lejos.
Ese día Piku salió de su lado del bosque, como hacía siempre, pero esta vez fue un poco más lejos… Aunque tampoco mucho.
Junto a los zarzales de los viejos sabios (los ratones) observó a unas abejas revoloteando alrededor de unas flores. Piku las observó durante varias horas, escondido, llegando a sentirse como una abeja más. Como ellas, él también revoloteó alrededor de las flores, imitando su vuelo, olisqueándolas, moviendo sus manos como si fueran alas.
Las abejas sonreían al verle, pero no le veían peligroso, y le dejaban estar. Piku ya se sentía una abeja más, y hasta se atrevió a seguirlas hasta su panal, y, como ellas, también intentó meterse.
Pero Piku era demasiado grande, y por eso metió la mano y cogió rica miel que no tardó en comer. ¿Sabes qué pasó entonces?
Las abejas, muy enfadadas con Piku, comenzaron a revolotear sobre él y picotearle con sus aguijones mientras Piku iba relamiendo sus manos repletas de rica miel.
¡Qué dolor más grande!
Piku corrió por el bosque, pero las abejas no dejaban de perseguirle, picoteándole, y corrió y corrió hasta llegar al lago, donde se tiró de cabeza. Desde el fondo podía ver las abejas esperándole en la superficie. El aire empezaba a faltarle y él no podía respirar.
Agarrado a los juncos para no subir a la superficie, observó el fino y largo tallo que sobresalía del agua. Fue entonces cuando se le ocurrió una brillante idea.
Piku arrancó el junco más gordo y largo e hizo un tubo para poder respirar.
¡Funcionó! Piku pudo sentirse como un anfibio o un pez más de ese lago.
Allí permaneció tranquilo, a la espera de que las abejas, esas a cuya especie perteneció por unas horas, se marcharan.
Esperando que se marcharan nuestro amigo Piku pudo ver un banco de cangrejos de río que pasaban a su lado. Los cangrejos, muy graciosos, caminaban lentamente, recogiendo con sus pinzas todo lo que iban encontrando, y Piku quiso ser como ellos.
Así, durante un buen rato los siguió, imitando sus movimientos, y haciendo como ellos. Con ayuda de su tubo pudo respirar, y con sus uñas jugó a imitar a esos graciosos cangrejos que cogían todo con tanta fuerza.
Observándolos detenidamente vio que esos cangrejos estaban haciendo una especie de casita con restos de palos, de hierbas y de todo lo que iban encontrando. Cada uno cogía lo que podía, y todos lo iban depositando para que el que parecía ser el maestro ingeniero fuera colocándolo formando lo que, sin duda alguna, sería su casita.
Piku, observando un trozo grande de tronco decidió colaborar para la construcción de la casa de sus iguales, y así fue hasta él, abrió sus dedos y formó una pinza con la que poder arrastrar el tronco. Con dificultad por culpa del tubo y de que sus pinzas no eran aún muy fuertes llevó el tronco hasta la casita, dejándolo caer.
El pobre PIku tuvo tan mala suerte que el tronco cayó sobre la casita destrozándola.
Fue entonces cuando todos los cangrejos (no habría menos de cien) corrieron hacia él amenazándole con sus pinzas, y Piku tuvo que huir a toda velocidad mientras alguno que otro conseguía pellizcarle en el trasero o en su patita.
Por suerte nuestro amigo PIku pudo salir del agua pero los cangrejos aún seguían tras él, por lo que no pudo mas que subirse a un árbol para evitar sus picaduras.
Desde arriba podía verles. Los cangrejos intentaban subir, pero no podían, y amenazaban con sus pinzas mientras nuestro amigo Piku se relajaba sobre el tronco del árbol sabiendo que esos que fueron de su especie no podrían hacerle daño.
Fue allí arriba cuando Piku se fijó en otra especie que llamó su atención. Eran esos animales extraños que volaban gracias a sus alas.
Estaban en el árbol contiguo lo que le permitió observarles con detenimiento. Cada uno de sus movimientos fue estudiado minuciosamente hasta comprender que él tenía que ser como ellos.
Si esos animales podían volar con esas alas tan pequeñas, él podría hacerlo más alto si conseguía que sus largas manos tuvieran alas también.
Pegando las hojas del árbol a sus manos se fabricó unas extrañas alas, y se decidió a volar como ellos y poder así buscar gusanos para poder comer.
Reuniendo mucho valor para vencer al vértigo nuestro amigo Piku fue capaz de saltar, y comenzó a mover sus brazos con mucha fuerza pero…
¡No pudo volar!
Al final nuestro amigo, saltó y cayó sobre el nido de los pájaros, tirándolo al suelo donde después lo aplastó con su propio peso. La caída fue muy dolorosa, pero nuestro amigo tuvo que correr porque los pájaros le seguían para hacerle pagar por el destrozo.
Los cangrejos, que también estaban por allí, le siguieron también, lo mismo que las abejas, y Piku corrió y corrió hasta llegar al final del camino, donde estaban sus hermanos osos, que no dudaron en socorrerle.
De pronto, su papá, que estaba medio dormido – como siempre – alzó sus patas, abrió su boca y lanzó un rugido que asustó al mismísimo Piku.
De un estruendoso grito su papá hizo que las abejas, los pájaros, y, sobre todo, los cangrejos de río, se dieran la vuelta y corrieran despavoridos, mientras nuestro amigo Piku observaba la fuerza de su papá y el miedo que provocaba en los demás.
Fue entonces cuando comprendió que ser oso no tenía porqué ser aburrido si él no quería que así fuera, y que lo realmente aburrido sería pretender ser algo que no podía ser.
Desde ese día, Piku se dedicó a pescar, a cazar, a hacer casas para sus amigos y hermanos, a bucear para encontrar más peces, a subir a los árboles, y, sobre todo, que era lo que más le divertía, a asustar a todos los animales del bosque con sus “oseznos rugidos”.

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LA PRIMERA VEZ… CONTIGO (intento)

Aún recuerdo la primera vez,
nuestra primera vez,
aquella vez en la que tú
dejaste de ser aquella tú,
aquella vez en la que yo
dejé de ser aquel asustado yo…
y ambos fuimos, al fin, eso
que ahora todos llaman nosotros.

Aún recuerdo aquella vez,
aquella en la que ambos
nos hicimos agua y saltamos
aquella cascada del miedo
que tantos vértigos ofrecía
pero que también dibujaba
anhelos, nervios y pasión.
Aún recuerdo el salto vacío
de aquella abrupta cascada
que nos llevaría hasta esa calma
que descansaba esperándonos
allá abajo, bajo las rocas,
donde los peces dormían
esperando nuestro chapoteo.

Aún recuerdo aquella vez,
y el sabor de su agua dulce y fría,
y aquel violento salto al vacío,
y el dulzor del vuelo del ángel,
y cómo me sentí pájaro al fin
y cómo caí en esa agua cálida
en la que aún sigo nadando
en las calurosas noches de este
constante verano que eres tú.

Aún recuerdo aquella vez
en la que tus ojos apartaron al fin
esas lágrimas emocionadas y pulcras,
sin dobleces, sin pretensiones extrañas,
y sonrieron por primera vez
mostrándome el claro significado
de la palabra mujer.

Aún recuerdo aquella vez
en la que esa niña que eras
salió del campo de mantos floreados
donde vivía inocente y limpia,
y se disfrazó al fin de mujer…
y de diosa, y de canción
y de poema, y de cuadro…
y se vistió de ti…
De esta tú

Aún recuerdo aquella vez
-¿cómo olvidarla? –
en la que tus besos y caricias
se hicieron pecado,
y en los que disfruté del arte
del pecarte sin pensar
en otra cosa que en los colores
que me mostraste a través de tu cuerpo,
en el azul de aquel cielo
que pintaste para envolverme,
en el verde de aquella hierba
que cortaste para que durmiéramos,
y en el rojo de aquel infierno
del que no quería salir.

Aún recuerdo aquel día
que la Cola dejó de refrescar,
que el caramelo dejó de endulzar,
que el fútbol dejó de apasionar,
y que los libros dejaron de mostrar
la cara de otros personajes
que no fueras  tú…
Aún recuerdo aquella vez
en la que tú te hiciste todo:
sabor,
olor,
pasión…

Aún recuerdo aquella vez
que bebí de los senos rosados
de tu fuente de piedra joven,
de esos senos aún dormidos
que escanciaban leches
con miles de sabores distintos,
que solo a mí saciaban.

Aún recuerdo aquella vez
en la que reuní todo el valor
para enfrentarme a aquel oso
que se creía dueño de tu cueva.
Aún recuerdo aquel duelo,
con mordiscos, gritos, calores,
sudor, sangre y frío
y como ese oso fue vencido
y pude hacerme dueño al fin
de su madriguera vigilada
para dormir en su interior.

Aún recuerdo aquella vez
que conseguí recorrer sin ayuda
el desierto que era tu cuerpo
hasta llegar a aquel oasis
donde el agua daba color
a una tierra manchada de hierba.
Aún recuerdo el aroma
de aquella hierba que no arranqué,
y donde dormí, abrazado a ella,
recibiendo el aroma de la primavera
que tanto deseaba.

Aún recuerdo aquella vez
en la que hacer el amor
dejó de ser una frase hecha
para hacerse tan real
como tú eras
cuando aparecías a mi lado.

Aún recuerdo aquella
nuestra primera vez,
y la recuerdo real,
como si fuera reciente,
como si acabara de ocurrir…
como si nunca
hubiera terminado…
como si hubiéramos sido capaces
de vencer a la noche
en la que aún habitamos.

Aún la recuerdo, amor mío,
aún recuerdo aquella primera vez,
y la recuerdo perfectamente
porque ha vuelto a ser esta noche,
veinte años después.
Aún recuerdo aquella vez,
nuestra primera vez…
Es lo bueno de estar a tu lado…

Contigo…
Siempre es la primera vez.

(AH, QUE ESTO ES SOLO UN INTENTO, COMO UN RELATO MÁS. NO ES PERSONAL)

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DESVARÍO MENTAL EN TORNO A UN CUADRO: EL BESO

Ese día entré en el museo emocionado, como suele pasar cuando entras a un sitio deseado por primera vez. Ella me acompañaba – como siempre – y cada uno iba viendo su cuadro, oyendo la guía a la espera de la explicación.
Frente a este cuadro de los dos amantes besándose me quedé largo rato, sin saber qué hacer o pensar, tan solo absorto en sus colores, en sus brillos y en ese gesto tan claro y contundente. Hasta tal punto anduve absorto que hubo un momento en que creí ver los dedos de esa mujer moviéndose sobre el hombro de su amado.
No me asusté. Todo lo contrario. Al rato, creo que unas lágrimas se deslizaron por mis mejillas. Miré a un lado y otro de la sala, y ella no estaba por allí. ¿Se había quedado en otra sala, o se había metido dentro de ese lienzo?
No pude irme – ni quería hacerlo – y permanecí allí, en solitario, como si supiera que algo iba a suceder.
Las manos de ambos amantes me retuvieron un largo tiempo. La forma de abrazarse no era propia de dos modelos medievales, sin vida, lejanos… Él, sosteniéndola por la cabeza con sus dos manos, ella abrazándolo por el hombro y la espalda… y el beso, eterno, contundente, de esos que son de verdad.
Ese era, sin lugar a dudas, un beso esperado y deseado, un beso furtivo, de esos que se dan dos amantes a los que no les está permitido compartirse.
Me gustó el gesto que adquiere el cuerpo y las formas de las manos cuando uno besa con el alma, como ellos estaban haciendo.
Entonces todo tomó vida en ese cuadro, que dejó de serlo para convertirse en una ventana indiscreta ante la que permanecí inmóvil y emocionado.
Las manos de ese hombre acariciaban y apretaban los mofletes sonrosados de esa mujer que me daba la espalda, pero de la que podía percibir ya su aroma… un aroma muy conocido. Y, de pronto, no sera solo olor lo que sentía, sino también la humedad y el sabor de sus labios y ese músculo que siempre guarda para mí.
Sí, querida, esa mujer eras tú. Esa era tu espalda, ese era tu pelo, esas eran tus manos, y, sobre todo, esa era tu boca.
Él dejó de besarla, de pronto, como si supiera que alguien los espiaba, y me miró por entre los mofletes de ella. Después de sonrojarme – ruborizado y asustado – me sonrió.
Le reconocí de inmediato, a pesar de no ver mas que sus ojos, porque solo alguien como él podría besarte con tanta pasión. Solo alguien como él podría decirte esas cosas que te dijo mientras volvía a mirarte a los ojos para volver a unir vuestras bocas.
– Te quiero todo – te dijo, antes de volver al néctar de tus labios
– Y yo – dijiste, y volviste a besarme, con esa pasión con la que solo tú sabes hacerlo mientras alguien golpeaba en mi espalda para hacerme volver a la realidad de aquella salay de aquel cuadro sin vida.
– ¿Qué te pasa, cariño? – me dijo ella, abrazándome por detrás, entrelazándome con sus manos sobre mi pecho mientras sus labios besaban la parte trasera de mi cuello – ¿te gusta el cuadro?
Eras tú, la misma del cuadro, pero tu piel ya no era un lienzo. te abracé y dejaste que te besara, y el cuadro se convirtió en un espejo.

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